En el sur del desierto de Gobi, los collares GPS, las cámaras trampa y los registradores de datos transforman una reserva remota en un laboratorio de conservación.

La nueva temporada de campo en las montañas Tost, en el Provincia mongola de ÖmnögoviExplica claramente cómo está cambiando la conservación de la fauna rara. Ya no se trata solo de observación directa, paciencia y conocimiento local, sino de una red de herramientas que recopila datos en lugares donde la presencia humana sigue siendo esporádica: Collares GPS, trampas de cámarapequeño sensores térmicos, modelos territoriales y trabajo con las comunidades locales.
El caso se refiere a la Leopardo de nieve, uno de los grandes felinos más esquivos de Asia Central, y en particular de la zona de las montañas Tost, en el sur de Gobi. Aquí se Confianza del leopardo de las nieves Durante años, ha llevado a cabo un programa de seguimiento a largo plazo, basado en un principio sencillo pero difícil de implementar: para proteger una especie que se desplaza a lo largo de grandes distancias y vive en hábitats extremos, es necesario saber no solo cuántos individuos hay, sino también cómo utilizan el espacio, dónde se reproducen, qué pasos conectan las cordilleras y cómo las actividades humanas alteran estas rutas.
Según la actualización publicada el 20 de mayo de 2026, durante la temporada de campo de primavera, el equipo de investigación colocó collares a dos nuevos leopardos de las nieves, revisó algunas cámaras trampa e instaló pequeños registradores de temperatura en ocho madrigueras conocidas. La decisión de no hacer públicas las ubicaciones precisas es una parte integral de la metodología: el área puede imaginarse en las montañas de Tost o en el Reserva Natural de Tost-Tosonbumba, pero las madrigueras, los collares y los dispositivos no deben asociarse con coordenadas puntuales, por razones de seguridad para las especies.
Por lo tanto, el lugar de estudio más probable es la zona de estudio de las montañas Tost, ubicada en la región del sur de Gobi, aproximadamente a 43,2 grados de latitud norte y 100,5 grados de longitud este, con altitudes que oscilan entre los 1.600 y los 2.400 metros. Se trata de un entorno árido, con amplias variaciones de temperatura y escasa disponibilidad de agua, donde la tecnología no sustituye la ecología de campo, sino que permite medirla a lo largo del tiempo.
Se realizaron seguimientos a ocho madrigueras para comprender el microclima de las crías.
El elemento más innovador de la temporada no es solo el seguimiento de los dos nuevos individuos, sino la atención a microclima de las madriguerasLos pequeños registradores de datos térmicos se colocaron en ocho cavidades conocidas que estaban desocupadas en el momento de la instalación. El objetivo era comparar las temperaturas internas y externas y evaluar cómo las condiciones de las cavidades podrían afectar a las hembras durante la crianza de las crías.
“Queremos comprender cómo difiere la temperatura dentro de las madrigueras en comparación con el entorno circundante y cómo afecta esto a las hembras cuando cuidan a sus crías”.
El investigador escribió Örjan Johansson en la nota de campo de la Confianza del leopardo de las nieves.
La frase deja claro el salto en la escala de la investigación. seguimiento GPS describe movimientos a lo largo de kilómetros; trampas de cámara Confirman la presencia, el comportamiento y la composición familiar; los registradores térmicos, por otro lado, profundizan en la dimensión del refugio, el punto más delicado del ciclo reproductivo. En una zona donde el agua puede convertirse en un factor limitante y las temperaturas fluctúan notablemente, el confort térmico de una cavidad no es un detalle naturalista, sino una variable ecológica.
La temporada de 2026 también aportó pistas sobre el estado de algunas hembras previamente conocidas. Las cámaras trampa confirmaron que F19 seguía con tres crías a mediados de abril, mientras que las imágenes no confirmaron directamente el paradero de F12, aunque sus patrones de movimiento sugieren que no estaba sola. Por lo tanto, la investigación no reduce al animal a un simple punto en un mapa: combina diferentes indicios, reduce la incertidumbre y acepta que algunos comportamientos permanecen invisibles.
La nueva pareja de animales con collar aporta información adicional. F21 es una hembra de entre 8 y 10 años, fotografiada en la misma zona durante varias temporadas; M26 es un macho de aproximadamente dos años, descendiente de F21 y nacido en 2024. Para los investigadores, su posible partida del Tost sería particularmente significativa: la dispersión de ejemplares jóvenes puede revelar corredores de movimiento, puntos de cruce y barreras creadas por carreteras, vías férreas u otras infraestructuras.

Del collar GPS al mapa: la reserva se convierte en un sistema de datos.
La preservación de la Leopardo de nieve En las montañas de Tost, se observa cómo la innovación ambiental se está convirtiendo cada vez más en un proceso de integración. Un solo dispositivo no es suficiente. El valor surge al vincular datos heterogéneos: coordenadas GPS, imágenes de cámaras trampa, temperaturas de las madrigueras, observaciones de campo, disponibilidad de presas e información sobre el pastoreo. En este sentido, la sierra funciona como una plataforma distribuida, no como un laboratorio cerrado.
El trabajo de Confianza del leopardo de las nieves Esto se enmarca en un panorama más amplio. Según el Grupo de Especialistas en Felinos de la UICN, la especie está clasificada como vulnerable, y las estimaciones globales siguen siendo difíciles debido a que su distribución es fragmentada y las observaciones directas son escasas. MongoliaUna evaluación nacional publicada en 2021 indicó la presencia de aproximadamente 953 leopardos de las nieves, con un intervalo de confianza de entre 806 y 1.127 individuos adultos, según informes del programa GSLEP. Estas cifras deben interpretarse con cautela, pero son útiles para comprender el papel del país en la conservación de la especie.
La Reserva Natural de Tost-Tosonbumba constituye un caso particularmente significativo, también desde una perspectiva institucional. La reserva fue declarada área protegida federal en 2016, con restricciones a la minería y la caza, pero compatible con las prácticas de pastoreo tradicionales. Este equilibrio es crucial: los felinos no viven en espacios vacíos, sino en paisajes habitados, recorridos por familias nómadas, rebaños, senderos, infraestructuras e intereses económicos.
Desde una perspectiva de innovación, el problema no es solo científico. El proyecto construye un modelo operativo en el que investigación biológica, gestión territorial e conservación comunitaria Se influyen mutuamente. Saber por dónde pasa un macho joven en dispersión no solo es útil para describir su comportamiento: puede servir de base para tomar decisiones sobre infraestructura, pastoreo, prioridades de conservación y la mitigación de conflictos entre depredadores y pastores.
Los SIG cambian el enfoque de los animales individuales a los corredores.
Una segunda línea de trabajo, complementaria al trabajo en las montañas Tost, proviene de The Nature Conservancy. En 2026, la organización describió un proyecto en Mongolia Occidental que utiliza GIS y modelado de hábitat para identificar áreas adecuadas y posibles corredores de movimiento. El método combina datos de cámaras trampa, áreas de pastoreo, agrupaciones de hábitat y características del paisaje, con el objetivo de comprender hacia dónde podrían desplazarse los leopardos, incluso cuando no se les puede observar directamente.
Este cambio es importante porque traslada la unidad de análisis del individuo al sistema ecológico. Un collar narra la trayectoria de un animal; un mapa predictivo intenta estimar las rutas más probables para una población. The Nature Conservancy informa que el modelo identifica hábitats ideales de al menos 230 kilómetros cuadrados, un tamaño considerado suficiente para al menos un leopardo de las nieves, y conecta estos hábitats para resaltar las rutas más plausibles.
“Cuando ves el impacto en la vida cotidiana de las personas, queda aún más claro por qué las comunidades necesitan poder utilizar esta información sobre el terreno”.
él observó Erica Anderson, Gerente de Información sobre Conservación de The Nature Conservancy en Connecticut, hablando sobre su trabajo con las comunidades mongolas.
El valor de GIS La clave, por lo tanto, no reside en elaborar un mapa estático, sino en la capacidad de tomar decisiones que, de otro modo, permanecerían abstractas, debatibles y aceptables. Si una zona de pastoreo se superpone a un corredor ecológico, los ganaderos pueden evaluar los riesgos, los periodos de uso y las posibles adaptaciones. Si una nueva infraestructura cruza una ruta de dispersión, las autoridades pueden estimar el efecto de fragmentación con antelación.
Este enfoque acerca la conservación a las lógicas típicas de Big Data Los conjuntos de datos ambientales no tienen por qué ser de gran tamaño, pero sí están distribuidos, son heterogéneos y dependen del contexto. Es necesario armonizar fotografías, registros GPS, modelos de coste de movimiento, datos de pastoreo y observaciones locales. La calidad del resultado depende de la capacidad de integrar diferentes escalas: la madriguera, la pendiente, el valle, el corredor entre cadenas montañosas.

El almacenamiento remoto se convierte en infraestructura social.
La tecnología por sí sola no resuelve el problema de la coexistencia. En los paisajes montañosos de MongoliaEl conflicto entre depredadores y pastores sigue siendo una variable real, especialmente cuando la depredación afecta a los animales domésticos. Por lo tanto, la conservación del leopardo de las nieves requiere herramientas de monitoreo, pero también confianza, comunicación y mecanismos de gestión compartidos.
The Nature Conservancy informó que presentó su trabajo de modelado a unos 500 miembros de organizaciones comunitarias de todo el país. Algunos viajaron durante días, incluso a caballo. Este detalle no es una anécdota: demuestra la brecha entre la producción técnica de datos y su uso real. Un mapa no es útil por su precisión, sino porque puede ser leído, analizado y aplicado por quienes viven en el territorio que representa.
El caso de las montañas Tost ofrece, por tanto, una lección más amplia para las políticas de conservación. trampas de cámara reducir la invisibilidad del felino, Collares GPS aclarar trayectorias y territorios, el sensores ambientales Introducen variables microclimáticas, mientras que los modelos espaciales ayudan a transformar observaciones aisladas en planificación. Sin embargo, la protección a largo plazo depende de la capacidad de vincular estas herramientas con las decisiones administrativas, las regulaciones de uso del suelo y las prácticas locales.
De datos aislados a conocimiento verdaderamente compartido.
La perspectiva más interesante reside en la evolución de un proyecto de investigación a una infraestructura del conocimiento. Si los datos recopilados por diferentes organizaciones permanecen aislados, su valor disminuye. Sin embargo, si se organizan en archivos interoperables y actualizables, pueden alimentar mejores modelos, poner a prueba hipótesis sobre la dispersión, identificar nuevas áreas críticas y mejorar la evaluación de los impactos de las carreteras, los ferrocarriles o las actividades mineras.
Aquí es donde el caso de Mongolia cobra relevancia para la innovación. No porque un sensor aplicado a una especie rara sea, en sí mismo, una novedad absoluta, sino porque demuestra cómo se puede comprender un ecosistema remoto sin trivializarlo. La conservación eficaz no es lo mismo que la vigilancia total: requiere datos suficientes, precisión responsable y límites a la divulgación de ubicaciones sensibles.
En las montañas Tost, el Leopardo de nieve Sigue desplazándose por un paisaje difícil de observar. La diferencia radica en que hoy en día, cada rastro puede integrarse en un sistema de información más amplio: una fotografía nocturna, una señal GPS, la temperatura registrada en una cueva, un mapa compartido con pastores. El reto de los próximos años será transformar este conocimiento en decisiones que permitan mantener la conexión entre hábitats, comunidades y grandes carnívoros, sin exponer aquello que pretendemos proteger.
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