En Centroamérica, una mezcla de alianzas corporativas, hidroelectricidad y geotermia hace de los desafíos ambientales un modelo de desarrollo sostenible

En el corazón palpitante de Centroamérica, donde las fumarolas de los volcanes se mezclan con el exuberante follaje de los bosques tropicales, Guatemala está escribiendo un capítulo ejemplar en la transición energética global.
Este país, a menudo asociado más a su rica herencia maya que a la innovación tecnológica, se ha convertido en los últimos años en un verdadero laboratorio al aire libre para el desarrollo sostenible, demostrando cómo los desafíos ambientales pueden transformarse en oportunidades de progreso.
En el corazón de esta revolución silenciosa está Enel Green Power Guatemala (EGPG), que ha sabido interpretar con visión el potencial de un territorio tan frágil como generoso.
Entre las montañas de Quiché y las llanuras de Baja Verapaz, donde fluyen ríos impetuosos alimentados por las lluvias tropicales, la empresa de origen italiano ha construido un sistema energético basado en el equilibrio perfecto entre el respeto medioambiental y la innovación tecnológica.

La Central El Canadá y la “Compañía” del Volcán Santiaguito
La planta El Canadá, ubicada en las faldas del temible volcán Santiaguito, se ha convertido en el símbolo de este desafío. Aquí, donde las erupciones periódicas amenazan constantemente con obstruir las tuberías con escombros y cenizas, los ingenieros de EGPG han desarrollado soluciones que parecen sacadas de una novela de ciencia ficción.
“Hemos creado un sistema de filtrado dinámico que se autorregula en función de la cantidad de material volcánico que arrastra el río”.
explica Luis Morales, responsable de las centrales hidroeléctricas.
“Cuando los sensores detectan un aumento de sólidos suspendidos, las compuertas se cierran automáticamente para proteger las turbinas”.
No solo eso. Gracias a la instalación de drones equipados con sensores térmicos y cámaras de alta resolución, ahora es posible monitorear la actividad volcánica en tiempo real y predecir sus efectos en las plantas.
“Hemos reducido el tiempo de inactividad no planificado en un 40 por ciento”
añade Morales con orgullo.

De las multinacionales a las comunidades locales: un verdadero círculo virtuoso
Pero la verdadera revolución reside en la capacidad de EGPG para crear un ecosistema energético inclusivo. Tras acuerdos pioneros con Coca-Cola y McDonald's, que transformaron la producción de bebidas y la comida rápida en negocios de cero emisiones, respectivamente, en 2024 se firmaron nuevas y significativas alianzas.
PepsiCo Guatemala, por ejemplo, ha decidido alimentar su planta de Escuintla con energía limpia proveniente de la presa de Palo Viejo.
“Fue una transición natural”
comenta Gabriela Sandoval, directora de sostenibilidad del grupo.
“Nuestros consumidores nos piden cada vez más un mayor compromiso medioambiental y, gracias a este acuerdo, evitaremos la emisión de 12.000 toneladas de CO2 al año”.
Pero quizá la innovación más interesante proviene del nuevo programa “Energía Local”, que permite a las pequeñas empresas acceder a contratos de suministro verde antes reservados sólo a las grandes empresas.
“Ya hemos firmado convenios con 50 empresas agrícolas de la región de Quetzaltenango”,
dice José Antonio Sánchez, Country Manager de Enel Green Power Guatemala.
“Se trata, en general, de cooperativas que producen café o cardamomo y que ahora pueden presumir de una cadena de suministro completamente sostenible”.
Cuando la tecnología italiana se encuentra con la tradición guatemalteca
Caminando entre las comunidades indígenas que habitan en la zona de influencia de las plantas, descubrimos otra cara de esta transición energética.
En la escuela del pueblo de Sacapulas, los niños aprenden a reconocer diferentes tipos de energía renovable mediante juegos educativos en quiché. Cerca de allí, un grupo de mujeres ha creado una cooperativa para la producción de telas con energía solar.
“Solíamos tener que caminar tres horas para llegar al pueblo más cercano y poner en funcionamiento nuestros telares”.
dice María López, dirigente de la cooperativa.
“Ahora hemos instalado paneles solares en el techo del laboratorio y podemos trabajar todos los días”.
Historias como esta son posibles gracias a los proyectos de Creación de Valor Compartido (CSV) de EGPG, empresa del grupo italiano Enel presente en todo el mundo, que solo en 2023 involucró a 35 comunidades con iniciativas que van desde la electrificación rural hasta la capacitación técnica.

Los retos del futuro: la energía del volcán Zunil toda para el hombre
A pesar de los éxitos, el camino hacia una Guatemala La sostenibilidad total no está exenta de desafíos. Las pérdidas de energía en las redes de distribución siguen siendo elevadas, mientras que algunas comunidades siguen viendo con recelo las grandes plantas.
“Todavía tenemos que trabajar mucho en el diálogo territorial”,
admite Sánchez.
“Por eso estamos experimentando con modelos de participación comunitaria en los proyectos, donde los propios habitantes se convierten en accionistas de las centrales”.
Mientras tanto, nuevas fronteras tecnológicas se vislumbran en el horizonte.
En la zona volcánica de Zunil, EGPG está evaluando la viabilidad de un proyecto geotérmico que podría aprovechar el calor de la tierra para producir energía limpia.
“Sería la primera planta de este tipo en Guatemala”,
explica la ingeniera Andrea Ramírez, quien coordina el estudio de factibilidad.
“Los volcanes pasarían de ser una amenaza potencial a un recurso”.

Un modelo innovador de sostenibilidad energética para Centroamérica
Mientras el sol se esconde tras el cono perfecto del volcán Tajumulco, las luces de los pueblos se encienden una tras otra, alimentadas por el agua de los ríos y el viento que sopla entre las montañas.
Guatemala, con su mezcla única de tradición e innovación, está demostrando que la transición energética no es sólo una necesidad ambiental, sino una oportunidad para un desarrollo equitativo e inclusivo.
“Lo que hemos creado aquí puede ser un ejemplo para toda la región”,
concluye Sánchez.
“No existe una fórmula única para la sostenibilidad, pero nuestro modelo demuestra que cuando la tecnología, el respeto ambiental y la inclusión social van de la mano, los resultados llegan”.
Y mientras la noche tropical envuelve los bosques y volcanes, las turbinas siguen girando, centinelas silenciosos de un futuro más limpio. Un futuro que, en el corazón de Centroamérica, ya ha comenzado.
Cómo Guatemala se vuelve más verde con Enel Green Power
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